Precisamente uno de esos cohetes quedó alojado en el techo del templo, prendiendo las cañas que formaban parte de su construcción y llegando a destrozar casi toda la iglesia. Un grupo de vecinos entró y salvó la imagen del Cristo, que solo perdió policromía y fue restaurada con posterioridad.
ENTREVISTA A INOGABI MANZANO: “El accidente marcó un antes y después”
Inogabi Manzano era en 1993 el jefe de servicio de Cruz Roja que atendió a las peregrinas arrolladas por el turismo aquel fatídico domingo. Ese año el dispositivo crecía y, por primera vez, se instalaron cinco puestos de atención a lo largo del camino. De hecho, la falta de personal evitó que uno de esos puestos se ubicase precisamente en el lugar del siniestro.
Aquella mañana, a Inogabi Manzano lo acompañaba en la ambulancia Francisco Ramírez Artero, como conductor, y José María López. En declaraciones a D-CERCA ha asegurado que el accidente “nos marcó un antes y un después” a todos los voluntarios que respondieron a una llamada de emergencia que llegó alrededor de las seis de la mañana.
“Recuerdo haber visto a estas peregrinas apenas cinco minutos antes del accidente, cuando nos cruzamos con ellas con la ambulancia. Dos de ellas eran mis vecinas y mi propia madre estuvo a punto de acompañarlas”, aseguró. Cuando aquel Opel Astra las arrolló (hay quien asegura que fue porque recibió el golpe de otro coche rojo que lo adelantaba) la ambulancia tuvo que darse la vuelta, sin llegar a saber entonces la magnitud de un suceso que marcó a una comarca.
Como jefe del servicio, y ante la ausencia de ningún facultativo médico, Inogabi Manzano tomó las riendas de la situación. “Mi trabajo era evaluar la situación y analizar a quién había que evacuar primero”, indicó. Todo ello a unas horas en las que ni siquiera había amanecido. El lugar se llenó de cientos de vecinos en pocos minutos porque entonces el peregrinaje no era tan escalonado como en la actualidad y la mayoría elegía precisamente la madrugada del domingo para acudir a honrar al Cristo.
“Fue una situación muy dura pero los voluntarios se portaron de forma muy profesional. Finalmente se evacuaron cinco mujeres hasta urgencias de Ejido Norte; aún no estaba el Hospital de Poniente”, indicó. De esos momentos, Inogabi Manzano recuerda que, junto al centro de salud, se agolparon cientos de ejidenses para intentar averiguar la identidad de las víctimas por la confusión y revuelo que se desató. “La frustración ante la falta de información llevó a toda esa multitud allí”, afirmó.
Con posterioridad, las mujeres fueron trasladadas, y escoltadas por la Policía, hasta el Hospital de Torrecárdenas. Fue allí donde, por primera vez, Inogabi Manzano fue consciente de que había estado intentando salvar la vida de gente muy allegada a él. “Al ver a los familiares en la sala de espera, caí en que se trataba de las mismas mujeres con las que me había cruzado unos minutos antes. Fue muy duro”, dijo.
Aquel fin de semana será imborrable para aquellos jóvenes voluntarios de Cruz Roja que, entre otras atenciones, aún tenían que ayudar a un hombre cuyas manos se quemaron gravemente con la pólvora y colaborar tras el incendio que se produjo en la iglesia. “Visto con perspectiva creo que hubiésemos necesitado ayuda psicológica pese a que ya estábamos muy curtidos en atender accidentes, que era entonces nuestra labor”, dijo Manzano.
Rosalía Fernández Peramo fue la única superviviente de aquel accidente. “Todavía cada vez que me ve, me abraza. Me quiere mucho y yo se lo noto”, afirma el testigo de uno de los capítulos más tristes de la historia ejidense.